Septiembre 8 de 2007
Fotógrafos que rinden culto a cámaras rusas análogas no utilizan el visor para encuadrar sus tomas
La práctica se llama lomografía y es un movimiento mundial en el que lo importante es cumplir la norma de "disparar y no pensar".
Un
lomógrafo es como un espía o un niño. Incluso se parece a veces a un
turista japonés con cámaras de plástico coloridas que le dispara a lo
que se mueva. Todo cabe.
Mauricio Arana es el perfecto exponente
de esta corriente fotográfica que tiene 500 mil adeptos en el mundo y
que promulga la fotografía análoga e instintiva; su resultado son
imágenes brillantes y coloridas como sacadas de un 'viaje' de hongos
alucinógenos. Se practica desde el año 2002 en Colombia.
Mauricio camina como espía. Va lento por
las calles del barrio Pasadena, en Bogotá, mirándolo todo, buscando lo
que no es evidente y con sus manos prestas a obturar una cámara rusa
negra. Podría pasar inadvertido pero dos segundos después está agachado
en la mitad de la vía, disparando fotos a un carro viejo que va
pasando. Se levanta y sonríe con los ojos. Le gusta ser imprevisible.
Ve
algo más y corre pausadamente tras un señor que cruza una esquina, se
pone la cámara Lomo LCA en la cadera y desde ahí lo capta de espaldas.
El modelo-transeúnte ni se entera.
No usó sus ojos para mirar
por el visor. Ni le importa hacerlo ahora. Tampoco le preocupa si el
sol estaba adelante y en contraluz, si la imagen quedó desenfocada o si
se movió el horizonte. Eso es precisamente lo que quiere, esperar el
resultado y sorprenderse de lo que captó en ese momento. Ahí se le
escapa el niño subversivo que hace lo que quiere siguiendo solo una
regla "Disparar y no pensar".
Luego, se parece a un japonés
cuando saca de una mochila un arsenal de cámaras de colores con cuatro
y hasta nueve lentes, que dividen un fotograma en varias partes en un
espacio de un segundo de tiempo. Foto-foto-foto-foto se divierte y el
parque de su barrio sale repetido cuatro veces.
Con todas esas
camaritas, unas de plástico, Mauricio ha capturado imágenes de momentos
tan poco relevantes como las de un paseo a Anapoima con sus amigos, un
instante cualquiera en el TransMilenio o una foto suya frente al espejo
con una lupa en la boca. Y sin embargo, son lomografías que hoy
circulan por todo el mundo y se exponen en grandes murales en Europa.
¿Y
entonces cuál es la diferencia con otras fotografías hechas por
cualquiera ? Podría parecer simple. En principio una foto es
considerada lomo porque es tomada con cámaras análogas de esa marca y
alrededor de las que se creó un culto que enloqueció a fanáticos de los
rollos y los diafragmas, en plena era digital.
Pero según los
lomógrafos es más que eso. Lo importante es que no hay reglas, ni hay
límites sino puro experimento. Son imágenes capturadas desde cualquier
parte del cuerpo sin que sea necesario mirar lo que se fotografía.
Agachados, desde la cabeza, desde la cadera, el objetivo es no respetar
ángulos, enfoques o colores. No respetar nada.
"Ser lomo es
creer en la fotografía instintiva en la que no importa el resultado
sino el disfrute de sacar fotos. Además nunca se logrará lo mismo con
una digital", asegura Mauricio que en solo tres años se ha ganado 24
premios lomo en el mundo y ha participado en 11 exposiciones.
Como
cualquier creencia es difícil de explicar. Para unos no es más que una
farsa en torno a vender una cámara, otros la definen como la "guerrilla
de la fotografía" porque intenta subvertir los cánones técnicos y el
corrector ortográfico ni la acepta, la cambia por tomografía.
Fenómeno en 40 países
Las
lomo fueron fabricadas en los 80 en Rusia pero justo cuando estaban en
decadencia, dos estudiantes vieneses compraron algunas y las volvieron
a la vida. Juguetearon con ellas en Praga y según la leyenda, mientras
lo hacían, no miraban por el visor.
Al revelar los rollos la
explosión de color que tuvieron en sus ojos los hizo decidirse a crear
la empresa que aún funciona pero que dio origen a una gigantesca
comunidad virtual que hoy funciona en lomography.com.
La
Sociedad Lomográfica Internacional tiene hoy 'embajadas' en 40 países
que aglutina desde artistas, diseñadores hasta amas de casa, de todas
las edades obnubilados por estos efectos y los estilos de las cámaras.
La
alta sensibilidad de los lentes Lomo que tiene luz indicental produce
fotos saturadas de colores, brillantes y con apariencia sicodélica.
"La
magia está en las aberraciones ópticas que generan estas cámaras. Las
viñetas a los lados, la luz que se cuela en mitad de la foto", explica
Mauricio.
De ahí que los lomógrafos comparten algo con los
vampiros: son sensibles a la luz, pero a diferencia de los segundos,
estos la disfrutan.
Los lomógrafos en Colombia
Este
fenómeno artístico llegó al país en el 2002 cuando Matías Jaramillo y
Juan Felipe Castaño, artistas visuales, vieron fotos por internet y
decidieron comprar varias cámaras e hicieron lomopaseos y exposiciones.
Hasta Acnur se contagió del fenómeno y le pidió a Mauricio que hiciera lomografías de los desplazados del Chocó.
Ahora
hay en el país al menos 50 de estos fotógrafos, aunque muy pocos
dedicados por completo. Una de las reglas de la lomografía es cargar la
cámara siempre.
Diana Cuartas es una de las adictas. "Todos los
días la cargo en el bolso. Para mí no es solo hacer fotos, es un asunto
poético", dice esta caleña.
Esta especie de fotógrafos también
son afiebrados coleccionistas. Mauricio las tiene todas. La mayoría las
ha ganado en concursos y otras las ha comprado por internet, la única
forma de acceder a ellas en Colombia. Estas cámaras que cuestan entre
40 y 500 dólares.
La esencia de los lomógrafos también es
compartir sus imágenes cotidianas. Por eso ahora y para mantener la
magia se ingeniaron unos intercambios con otros lomógrafos del mundo.
Ellos
toman sus fotos en Colombia, rebobinan el rollo y lo envían por correo
a Israel, Australia o China donde otro lomógrafo lo sube a su cámara y
toma nuevas fotos sobre el mismo. Los resultados son deslumbrantes
superposiciones que unen países y gente que ni siquiera se conoce.
Detrás
de la lomografía no hay más que juego, asegura Mauricio y se va a
seguir jugando, ahora al laboratorio donde revelerá las fotos que le
envió otro miembro de este 'culto'.
El manifiesto de la lomografía
1. Lleva siempre la cámara contigo.
2. Utilízala de día y de noche.
3. Lomografiar no interrumpe tu vida cotidiana, la pone en escena. 4. Dispara desde la mano o desde la cadera, no desde la cara.
5. Acércate todo lo que puedas a tu objetivo.
6. No pienses
7. Sé rápido.
8. No es necesario saber lo que tienes en el carrete en el momento.
9. Después tampoco.
10. No te preocupes por ninguna de las reglas.
¿El Dalai Lama, lomógrafo?
De las cámaras Lomo se dice que eran
usadas por espías de la KGB, sin embargo la historia oficial asegura
que fue fabricada en los 80 en Rusia por la Unión de Ópticos y
Mecánicos de Leningrado y que en 1991, cuando ya perdía público,
Matthias Fiegl y Wolfgang Stranzinger, las resucitaron y crearon el
movimiento que este año hace su tercer congreso en Londres.
Entre
los adeptos confesos están Michael Schumacher, Moby y en otra época el
presidente ruso Vladimir Putin. Muchos lomógrafos aseguran que el Dalai
Lama es también uno de ellos.
CATALINA OQUENDO B.
Redactora de EL TIEMPO
* diaoqu@eltiempo.com.co
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